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Contexto
Para quienes se acercaban a Jesús, la vida eterna estaba estrechamente vinculada con entrar en el reino de Dios. Jesús ya había llamado a sus discípulos a seguirlo, y ellos habían dejado atrás la vida que conocían para ir a su lado. Aun así, seguían aprendiendo lo que ese llamado implicaba cuando alcanzaba aquello en lo que una persona depositaba su mayor seguridad. La pregunta apremiante de un desconocido pondría ese asunto al descubierto.
Historia
Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?».
Jesús comenzó dirigiendo la atención del hombre hacia Dios: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios». Luego le recordó los mandamientos: no cometer adulterio ni matar, no robar, no dar falso testimonio ni defraudar a nadie, y honrar al padre y a la madre.
El hombre respondió que había cumplido todos esos mandamientos desde que era joven. Jesús lo miró y lo amó. Entonces le dijo que aún le faltaba una cosa. Debía vender lo que tenía, dar el dinero a los pobres y así tendría un tesoro en el cielo. Después debía ir y seguir a Jesús.
Al oír esas palabras, el hombre se entristeció y se marchó afligido porque tenía muchas posesiones. Su pregunta lo había llevado con entusiasmo hasta Jesús; ahora, sus riquezas se interponían entre él y el llamado a seguirlo.
Jesús miró a sus discípulos y les dijo lo difícil que es para quienes tienen riquezas entrar en el reino de Dios. Sus palabras los dejaron asombrados. Los llamó hijos y repitió lo difícil que es entrar en el reino de Dios.
Entonces Jesús les presentó una imagen impactante: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que una persona rica entre en el reino de Dios.
Los discípulos se asombraron todavía más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús los miró antes de responder. Para los seres humanos, dijo, esto es imposible, pero no para Dios. Para Dios todo es posible.
Pedro señaló entonces que él y los demás discípulos lo habían dejado todo para seguir a Jesús. Jesús respondió con una promesa. Todo el que deje su hogar, su familia o sus tierras por causa de él y del evangelio recibirá cien veces más en este tiempo: casas, hermanos y hermanas, madres e hijos, y tierras, junto con persecuciones. En la edad venidera recibirá la vida eterna.
La conversación terminó con una inversión: «Muchos de los primeros serán últimos, y los últimos serán primeros».
Lo que aprendemos
- Una conducta respetable, por sí sola, no resolvía la pregunta del hombre. Jesús lo llamó a ir más allá de un historial de obediencia y a seguirlo con todo el corazón.
- Jesús miró al hombre y lo amó antes de darle una orden difícil. Su desafío, que llegaba hasta lo más profundo, nacía del amor.
- Las riquezas no se presentan como malas en sí mismas, pero las posesiones pueden convertirse en una barrera cuando conservarlas importa más que seguir a Jesús.
- La salvación no se puede alcanzar mediante la capacidad humana. Lo que es imposible para las personas sigue siendo posible para Dios.
- Seguir a Jesús puede implicar verdadero sacrificio y persecución, pero él promete que nada de lo que se deja por su causa y por el evangelio queda olvidado.
Contexto de la historia
Un hombre se acerca corriendo a Jesús y pregunta qué debe hacer para heredar la vida eterna. Jesús menciona los mandamientos y, al mirar su apego a muchas posesiones, le pide vender, dar a los pobres y seguirlo. El hombre se va triste. Jesús enseña a sus discípulos que las riquezas hacen difícil entrar en el Reino, pero que lo imposible para las personas es posible para Dios. Marcos describe al interlocutor simplemente como un hombre con muchas posesiones, sin llamarlo joven ni gobernante. La conversación empieza con mandamientos sobre la vida con otros y llega al apego que el hombre no consigue soltar. La imagen del camello y el ojo de una aguja enfatiza la imposibilidad humana, no una explicación alternativa sobre una puerta pequeña. El pasaje mantiene juntas la exigencia del seguimiento, la dificultad de las riquezas y la posibilidad de Dios.
Personas en la historia
- Jesús — Llama a seguirle y enseña sobre el peligro de las riquezas
- El hombre rico — Pregunta por la vida eterna y se marcha triste
- Los discípulos — Escuchan que lo imposible para las personas es posible para Dios
Temas para observar
Vida eterna
La pregunta del hombre orienta la conversación hacia heredar la vida y seguir a Jesús.
Desapego
El llamado a vender y dar a los pobres revela el peso de las posesiones.
Posibilidad de Dios
La imagen del camello afirma que la salvación no se reduce a capacidad humana.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué posesión o seguridad compite con tu seguimiento?
- ¿Cómo distingues generosidad de una fórmula religiosa?
- ¿Dónde necesitas confiar en la posibilidad de Dios?
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