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Contexto
Mucho antes de que apareciera Juan, el profeta Isaías había hablado de una voz en el desierto que llamaría a la gente a preparar el camino del Señor. Mateo presenta esa promesa como la clave para comprender la misión de Juan. Él llegó para preparar al pueblo para alguien más grande que él.
Juan anuncia que el reino de los cielos, es decir, el gobierno de Dios, está cerca. Por eso, su labor en el Jordán no es un fin en sí misma. Esto plantea las preguntas que dan paso a lo que sigue: ¿Qué significa estar preparados para el Señor? ¿Y qué se revelará cuando aparezca aquel que viene?
Historia
Juan el Bautista comenzó a predicar en el desierto de Judea. Vestía una prenda hecha de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero a la cintura y comía langostas y miel silvestre. Su mensaje era directo: la gente debía arrepentirse porque el reino de los cielos estaba cerca.
Juan era aquella voz de la que había hablado Isaías. En el desierto llamaba a la gente a preparar el camino del Señor y a enderezar sus sendas.
La gente acudía a escucharlo desde Jerusalén, desde toda Judea y desde toda la región que rodeaba el río Jordán. Confesaban sus pecados, y Juan los bautizaba en el Jordán.
Muchos fariseos y saduceos, integrantes de grupos religiosos influyentes, también acudieron al lugar donde bautizaba. Juan los enfrentó con dureza. Los llamó camada de víboras y les preguntó quién les había advertido que escaparan del juicio que se acercaba. No bastaba con que estuvieran allí. Debían producir frutos que demostraran un arrepentimiento verdadero.
Juan también les advirtió que no confiaran en su ascendencia diciendo que Abraham era su padre. Dios podía hacer surgir hijos para Abraham aun de las piedras que los rodeaban. El hacha ya estaba puesta a la raíz de los árboles, dijo Juan, y todo árbol que no produjera buen fruto sería cortado y quemado.
Sin embargo, el mensaje de Juan no giraba en torno a sí mismo. Él bautizaba con agua como señal de arrepentimiento, pero después vendría alguien mucho más poderoso. Juan dijo que ni siquiera era digno de llevarle las sandalias. Aquel que venía bautizaría con el Espíritu Santo y con fuego.
Juan lo describió con el aventador en la mano, listo para limpiar la era. Recogería el trigo en el granero, pero quemaría la paja con un fuego que nunca se apagaría.
Entonces llegó a Juan aquel a quien había anunciado. Jesús viajó desde Galilea hasta el río Jordán para que Juan lo bautizara.
Juan intentó impedírselo. Le dijo que era él quien necesitaba ser bautizado por Jesús y que, sin embargo, Jesús acudía a él. Jesús le pidió que lo permitiera por ahora, porque de ese modo cumplirían con todo lo que era justo. Juan aceptó y lo bautizó.
En cuanto Jesús salió del agua, se le abrieron los cielos. Vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. Entonces se oyó una voz desde el cielo:
«Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él».
Lo que aprendemos
- Prepararse para el reino de Dios implica un arrepentimiento que produce frutos visibles en la vida.
- La posición religiosa y un linaje respetado no pueden sustituir una respuesta genuina a Dios.
- Con humildad, Juan dirigió la atención más allá de sí mismo, hacia aquel que era más poderoso y que traería el Espíritu Santo y el juicio justo.
- Jesús aceptó ser bautizado para cumplir toda justicia. El descenso del Espíritu y la voz desde el cielo lo identificaron como el Hijo amado de Dios.
Contexto de la historia
El ministerio de Juan prepara el escenario para la aparición pública de Jesús. Su mensaje no es una invitación sentimental, sino un llamado a producir fruto coherente con el arrepentimiento. Juan distingue entre su bautismo con agua y la obra del que viene después. Cuando Jesús se bautiza, Mateo presenta una escena de identificación: el Espíritu desciende y una voz del cielo habla de su filiación y agrado. El pasaje no explica cada aspecto de la relación entre arrepentimiento, bautismo y vida cristiana posterior. Conviene dejar que la escena mantenga su fuerza propia sin convertirla en una fórmula para medir la experiencia espiritual de otras personas.
Personas en la historia
- Juan el Bautista — Predicador que llama al arrepentimiento y bautiza en el Jordán
- Jesús — Hijo amado que se presenta para ser bautizado
- El Espíritu Santo — Presencia que desciende como una paloma sobre Jesús
- La voz del cielo — Voz que identifica a Jesús como el Hijo amado
Temas para observar
Arrepentimiento y fruto
Juan vincula el cambio de corazón con una vida que puede verse.
Identidad de Jesús
La voz celestial y el Espíritu señalan quién es Jesús.
Preparación y misión
El ministerio de Juan prepara al pueblo para la llegada del más poderoso.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué fruto concreto muestra un arrepentimiento sincero?
- ¿Qué voces intentan definir tu identidad?
- ¿Cómo puedes preparar espacio para una nueva etapa de servicio?
- ¿Qué diferencia hay entre una señal externa y una transformación interior?
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