Todas las historias
La zarza ardiente

Escucha y lee

La zarza ardiente

Mientras Moisés cuida el rebaño de Jetro en Horeb, ve una zarza que arde sin consumirse. Dios lo llama, le ordena quitarse las sandalias y se presenta como el Dios de sus antepasados. Le explica que ha visto el sufrimiento de Israel y lo envía a enfrentarse al faraón. Moisés duda y hace preguntas. Dios promete acompañarlo, le da señales y provee a Aarón como portavoz para ayudarle en la misión.

Referencias bíblicas: Éxodo 3:1-22 · Éxodo 4:1-17

Escucha la historia

00:0000:00

Da un paso con valentía

La presencia de Dios puede sostener una vocación que todavía te intimida. Descarga Bible Note para continuar tu lectura bíblica.

Descargar la app Bible Note

Lee la historia

Contexto

Los israelitas descendían de Abraham, Isaac y Jacob, y Dios había prometido a esa familia una tierra propia. Ahora sufrían bajo la opresión en Egipto y clamaban mientras vivían sometidos al poder del faraón, el rey de Egipto.

Moisés vivía en Madián y cuidaba el rebaño de su suegro, Jetro. Estaba lejos tanto de la corte del faraón como de los israelitas oprimidos. Mientras trabajaba como pastor en el desierto, Dios lo llamó a participar en lo que estaba por hacer.


Historia

Moisés llevó el rebaño de Jetro más allá del desierto y llegó a Horeb, la montaña de Dios. Allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas que salían del interior de una zarza. La zarza ardía, pero no se consumía.

Moisés se apartó de su camino para observar aquella extraña escena. Cuando Dios vio que se acercaba, lo llamó desde la zarza: «¡Moisés, Moisés!».

Moisés respondió: «Aquí estoy».

Dios le dijo que no se acercara más y que se quitara las sandalias, porque estaba sobre tierra santa. Después le dijo que él era el Dios de su padre: el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios.

Dios le dijo a Moisés que había visto el sufrimiento de su pueblo en Egipto. Había oído sus clamores mientras sufrían bajo sus capataces y conocía su dolor. Había descendido para rescatarlos y llevarlos a una tierra buena y espaciosa, rica y fértil, donde en ese tiempo vivían los cananeos y otros pueblos.

Entonces Dios le encomendó una tarea a Moisés: lo enviaría ante el faraón para que sacara de Egipto a los israelitas.

Moisés preguntó de inmediato: «¿Quién soy yo para ir al faraón?».

La respuesta de Dios no se centró en la capacidad de Moisés, sino en su propia presencia: «Yo estaré contigo». Dios también le dio una señal que se cumpliría más adelante. Después de que Moisés sacara al pueblo de Egipto, el pueblo adoraría a Dios en esa misma montaña.

Moisés tenía otra pregunta. Cuando les dijera a los israelitas que el Dios de sus antepasados lo había enviado, tal vez le preguntaran cómo se llamaba. ¿Qué debía responder?

Dios respondió: «YO SOY EL QUE SOY». Moisés debía decirle a Israel que «YO SOY» lo había enviado. También debía decir que el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, lo había enviado. Este era el nombre de Dios, que debía recordarse de generación en generación.

Dios le indicó a Moisés que reuniera a los ancianos de Israel y les dijera que el Señor había visto lo que les hacían. Prometió sacarlos de su sufrimiento y llevarlos a la tierra prometida. Los ancianos lo escucharían, y juntos irían ante el faraón para pedirle que los dejara hacer un viaje de tres días por el desierto y ofrecer sacrificios al Señor.

Dios también advirtió a Moisés que el faraón no los dejaría ir a menos que una mano poderosa lo obligara. Dios extendería su mano y haría prodigios en Egipto. Después de eso, el faraón dejaría ir al pueblo. Dios haría que los egipcios miraran con favor a los israelitas, para que no se fueran con las manos vacías. Las mujeres israelitas pedirían a sus vecinos objetos de plata y oro, y ropa para vestir a sus hijos e hijas.

Aun así, Moisés seguía dudando. Dijo que quizá los israelitas no creyeran que el Señor se le había aparecido.

Dios le preguntó qué tenía en la mano. Era una vara de pastor. Cuando Dios se lo ordenó, Moisés la arrojó al suelo y esta se convirtió en una serpiente. Moisés huyó de ella. Dios le dijo que extendiera la mano y la tomara por la cola. Cuando Moisés lo hizo, volvió a convertirse en una vara en su mano. Esta señal ayudaría al pueblo a creer que el Dios de sus antepasados se le había aparecido.

Como segunda señal, Dios le dijo a Moisés que metiera la mano bajo su manto. Cuando la sacó, la piel de la mano estaba enferma y blanca como la nieve. Volvió a meterla bajo el manto y, al sacarla, la mano estaba sana de nuevo. Si el pueblo rechazaba la primera señal, quizá creyera al ver la segunda. Si rechazaba ambas, Moisés debía derramar agua del Nilo sobre tierra seca, donde se convertiría en sangre.

Entonces Moisés señaló otra debilidad. Dijo que nunca había tenido facilidad para hablar; hablaba con lentitud y le costaba expresarse.

Dios le recordó que él mismo había creado la boca humana. Dios era soberano sobre el habla y el oído, sobre la vista y la ceguera. Le ordenó que se pusiera en marcha y prometió ayudarlo a hablar y enseñarle qué decir.

Finalmente, Moisés le pidió a Dios que enviara a otra persona.

El Señor se enojó con Moisés, pero aun así le dio ayuda. Aarón, hermano de Moisés, sabía hablar bien y ya venía a su encuentro. Aarón se alegraría de verlo. Moisés debía decirle a Aarón qué palabras pronunciar, y Dios prometió ayudarlos a ambos a hablar y enseñarles qué hacer. Aarón hablaría al pueblo en nombre de Moisés, mientras que Moisés le transmitiría el mensaje recibido de Dios.

La orden de Dios seguía en pie. Moisés debía llevar en la mano la vara, aquella con la que se realizarían las señales.


Lo que aprendemos

  • Dios ve, oye y conoce el sufrimiento de su pueblo. Su plan para rescatar a Israel comenzó con su compasión y su fidelidad a las promesas que había hecho.
  • Dios se acercó a Moisés, pero su presencia hizo santo aquel suelo. Moisés fue llamado a acercarse con reverencia.
  • El llamado de Moisés se basaba en la identidad y la presencia de Dios, no en la confianza de Moisés en sí mismo. La gran certeza era: «Yo estaré contigo».
  • Dios respondió a las preguntas de Moisés con promesas, instrucciones y señales, pero su enojo ante la última petición de Moisés mostró que el llamado no era opcional.
  • Dios capacitó a su mensajero vacilante por medio de señales, las palabras que prometió darle, una vara común y la ayuda de Aarón.

Contexto de la historia

Moisés vive en Madián y trabaja como pastor para su suegro Jetro, lejos tanto de la corte egipcia como de los israelitas sometidos. En el monte Horeb, una zarza arde sin consumirse y atrae su atención. La escena cambia cuando Dios lo llama por su nombre y le pide acercarse con reverencia, porque el suelo es santo. Dios se identifica como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, afirma que ha visto y oído el sufrimiento de su pueblo y encarga a Moisés que vaya ante el faraón. Moisés no responde con confianza inmediata: pregunta quién es, qué dirá y si el pueblo le creerá. Dios promete su presencia, revela su nombre, ofrece señales y, ante la última vacilación, da a Aarón como portavoz. El llamado nace de la compasión y la fidelidad de Dios, pero exige una respuesta real.

Personas en la historia

  • DiosDios santo del pacto que ve el sufrimiento, revela su nombre y envía a Moisés
  • MoisésPastor vacilante llamado a conducir a Israel fuera de Egipto
  • AarónHermano de Moisés provisto para hablar públicamente por él
  • JetroSuegro de Moisés cuyo rebaño él cuida en Madián
  • El ángel del SeñorFigura descrita al aparecer en la zarza ardiente antes de que Dios hable

Temas para observar

Presencia santa

La cercanía de Dios invita a Moisés a acercarse con respeto y reverencia.

Llamado y valentía

Dios envía a una persona que duda, no a alguien que se siente autosuficiente.

Dios equipa al vacilante

Las señales, las palabras prometidas y la ayuda de Aarón acompañan la misión.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué cambia cuando miras un llamado desde la presencia de Dios y no desde tu seguridad personal?
  2. ¿Qué preguntas sinceras necesitas llevar a Dios?
  3. ¿Cómo puedes responder con reverencia a una situación que consideras santa?
  4. ¿Qué ayuda concreta podrías aceptar en vez de enfrentar una responsabilidad a solas?

Recuerda quién te acompaña

Moisés no fue llamado porque no tuviera dudas, sino porque Dios prometió estar con él. Cuando quieras seguir leyendo, puedes conocer Bible Note.

Descargar la app Bible Note