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Contexto
Jesús había sido crucificado. Para los discípulos que lo habían seguido, la afirmación de que había vuelto a la vida planteaba la pregunta más importante de todas: ¿realmente había sido vencida la muerte? La respuesta definiría no solo su esperanza, sino también la misión que Jesús estaba a punto de encomendarles. Tomás, uno de los doce, afrontaría esa pregunta más tarde que los demás.
Historia
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos estaban reunidos con las puertas cerradas porque tenían miedo. Sin embargo, Jesús llegó y se puso en medio de ellos.
Sus primeras palabras fueron sencillas: «La paz sea con ustedes». Luego les mostró las manos y el costado. Quien estaba frente a ellos era el mismo Jesús que había sido crucificado. Cuando vieron al Señor, el miedo de los discípulos dio paso a la alegría.
Jesús volvió a decirles: «La paz sea con ustedes». Después les encomendó una misión. Así como el Padre lo había enviado, ahora Jesús los enviaba a ellos. Sopló sobre ellos y les dijo que recibieran el Espíritu Santo. También les dijo que los pecados que perdonaran serían perdonados, y que los que no perdonaran quedarían sin perdonar. La paz que Jesús traía no era para que se quedaran escondidos tras puertas cerradas. Los estaba preparando para salir en su nombre.
Tomás no había estado con los demás discípulos cuando Jesús se apareció. Más tarde, ellos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!».
Tomás dijo que antes de creer tendría que verlo por sí mismo. Quería ver las marcas que los clavos habían dejado en las manos de Jesús. Incluso dijo que necesitaba tocar esas marcas y meter la mano en el costado herido de Jesús.
Ocho días después, los discípulos estaban otra vez dentro, y esta vez Tomás estaba con ellos. Las puertas estaban cerradas, pero una vez más Jesús llegó y se puso en medio de ellos.
«La paz sea con ustedes», dijo.
Entonces Jesús se volvió hacia Tomás y le habló precisamente de las pruebas que había pedido. Lo invitó a mirar sus manos, a acercar el dedo y a meter la mano en su costado. Jesús lo llamó a dejar atrás la incredulidad y creer.
Tomás respondió con una confesión personal: «¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo a Tomás que había creído porque lo había visto. Luego llevó aquel momento mucho más allá de esa habitación y de los discípulos reunidos allí. Sus palabras finales fueron una bendición para todos los que, sin verlo con sus propios ojos, confiaran en él: «Dichosos los que no han visto y, aun así, han creído».
Lo que aprendemos
- Jesús resucitado se encuentra con sus discípulos atemorizados, les da paz y luego los envía del mismo modo en que el Padre lo envió a él.
- Jesús no oculta las marcas de la crucifixión. El Señor resucitado es el mismo Jesús que sufrió y murió.
- La misión de los discípulos depende del Espíritu Santo y conlleva una seria responsabilidad respecto al perdón de los pecados.
- Jesús responde personalmente a lo que Tomás había planteado, y Tomás confiesa que Jesús es su Señor y su Dios.
- Jesús bendice a quienes creen sin verlo físicamente y extiende su promesa a las futuras generaciones de creyentes.
Contexto de la historia
La tarde del primer día de la semana, Jesús resucitado se presenta ante sus discípulos reunidos tras puertas cerradas, les muestra sus manos y su costado, les habla de paz y los envía. Tomás no está allí y dice que no creerá sin ver las marcas. Ocho días después, Jesús vuelve, le invita a examinar sus heridas y Tomás lo reconoce como Señor y Dios. Jesús también declara bienaventurados a quienes creen sin haber visto. Juan distingue la primera aparición a los discípulos de la visita posterior en la que Tomás está presente. Jesús muestra sus manos y su costado, habla de paz, envía a los reunidos y menciona el Espíritu. Tomás expresa su exigencia, pero el relato no dice de forma explícita que haya tocado las heridas. La bendición final amplía la escena hacia quienes creen sin haber visto, sin resolver aquí debates posteriores sobre perdón y autoridad.
Personas en la historia
- Jesús resucitado — Muestra sus heridas, da paz y envía a sus discípulos
- Tomás — Pide ver las marcas y confiesa a Jesús
- Los discípulos — Se reúnen y reciben la misión del Resucitado
Temas para observar
Paz y misión
El Resucitado saluda con paz y envía a sus discípulos.
Duda honesta
Tomás expresa su condición para creer y recibe una invitación directa de Jesús.
Confesión
La respuesta de Tomás reconoce a Jesús como Señor y Dios.
Preguntas para reflexionar
- ¿Cómo llevas tus dudas delante de Jesús?
- ¿Qué significa recibir su paz y ser enviado?
- ¿Cómo respetas a quien cree sin exigirle una experiencia idéntica?
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