Lee la historia
Contexto
Jesús había sido crucificado, pero había resucitado de entre los muertos. Sus discípulos ya no se limitaban a escuchar sus enseñanzas, como antes. Ahora tenían que comprender qué significaba su resurrección para su futuro y para todo lo que les había enseñado.
Un discípulo es seguidor y aprendiz a la vez. Jesús había formado este grupo a su alrededor, y ahora los once estaban a punto de escuchar lo que vendría después. ¿Qué responsabilidad les confiaría Jesús resucitado?
Historia
Los once discípulos viajaron a Galilea y fueron a la montaña donde Jesús les había indicado que se reunieran con él.
Cuando lo vieron, lo adoraron. Sin embargo, algunos dudaron. Aun con Jesús resucitado delante de ellos, la incertidumbre persistía en algunos de aquellos a quienes estaba a punto de enviar.
Jesús se acercó y les habló. Comenzó declarando que había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra. Antes de decirles qué debían hacer, dejó claro que su propia autoridad respaldaba la tarea. La misión de los discípulos comenzaría con él.
Con esa autoridad como fundamento, Jesús les dijo que fueran e hicieran discípulos de todas las naciones. Su labor no debía limitarse a Galilea ni a la gente que ya conocían. Personas de todas las naciones debían llegar a seguir a Jesús y aprender de él.
Quienes se hicieran discípulos debían ser bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. También se les debía enseñar a obedecer todo lo que Jesús había mandado. Hacer discípulos implicaba más que llevar un mensaje de un lugar a otro. Los nuevos seguidores debían aprender a vivir obedeciendo fielmente a Jesús.
La magnitud del mandato era inmensa. Once discípulos estaban en una sola montaña y algunos todavía dudaban. Aun así, Jesús les encomendó una tarea que abarcaba a todas las naciones.
Luego Jesús les dio una promesa tan amplia y duradera como la tarea misma. Sin importar adónde los llevara la misión, no quedarían abandonados.
«Siempre estaré con ustedes, hasta el fin de los tiempos».
Lo que aprendemos
- La misión de Jesús se fundamenta en su autoridad sobre el cielo y la tierra, no en la fuerza ni en la seguridad de sus seguidores.
- La presencia de dudas no impidió que Jesús confiara una responsabilidad real a sus discípulos.
- Hacer discípulos incluye ir a todas las naciones, bautizar a los nuevos seguidores y enseñarles a obedecer a Jesús.
- Jesús une su mandato de alcance mundial a la promesa de su presencia constante hasta el fin de los tiempos.
Contexto de la historia
Los once discípulos se reúnen con Jesús resucitado en un monte de Galilea. Lo adoran, aunque algunos dudan. Jesús declara que ha recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, y les encarga hacer discípulos de todas las naciones, bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñarles a obedecer sus mandatos. Finalmente promete estar con ellos hasta el fin de la era. Mateo cierra su evangelio con los once discípulos en un monte de Galilea. Algunos dudan, pero Jesús no cancela la misión: declara su autoridad y encarga la Gran Comisión de hacer discípulos, bautizar y enseñar. Las naciones son el campo de la misión, no personajes presentes en la escena. La promesa de acompañar a los discípulos sostiene una tarea de obediencia, no un programa reducido a viajar o aumentar cifras.
Personas en la historia
- Jesús — Entrega autoridad y encarga hacer discípulos
- Los once discípulos — Lo adoran y reciben la misión para todas las naciones
Temas para observar
Gran Comisión
Jesús encarga hacer discípulos, bautizar y enseñar a todas las naciones.
Autoridad de Jesús
La misión nace de la autoridad que Jesús declara haber recibido.
Presencia prometida
La promesa de estar con sus discípulos sostiene la tarea hasta el fin de la era.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué implica hacer discípulos además de enseñar información?
- ¿Cómo puedes servir a personas de otras naciones?
- ¿Qué significa confiar en la presencia de Jesús?
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Haz discípulos con fidelidad
Lee Mateo 28 y piensa en una forma concreta de enseñar y acompañar.




