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Jesús enseña a sus discípulos a orar

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Jesús enseña a sus discípulos a orar

Después de ver a Jesús orar, un discípulo le pide que les enseñe. Jesús presenta una oración que honra al Padre, pide la llegada del Reino, el pan de cada día, el perdón y ayuda ante la tentación. Luego habla de un amigo que insiste durante la noche y anima a pedir, buscar y llamar. La enseñanza retrata al Padre como generoso y orienta la perseverancia hacia el don del Espíritu Santo.

Referencias bíblicas: Lucas 11:1-13

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Aprende a orar con Jesús

El Padre nuestro y la invitación a pedir, buscar y llamar abren un camino de confianza perseverante. Descarga Bible Note para continuar tu lectura bíblica.

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Contexto

Los seguidores de Jesús eran discípulos: personas que buscaban en su maestro una manera de vivir, no solo información. La oración ya era parte de la vida que conocían, y Juan había enseñado a orar a sus propios discípulos. Por eso, era natural que los discípulos de Jesús le preguntaran cómo debían orar quienes lo seguían.

Su petición contenía dos preguntas a la vez. ¿Qué debían presentar ante Dios y cómo debían acercarse a él? Jesús respondió ambas, reuniendo el reino de Dios, las necesidades humanas cotidianas, el perdón, la perseverancia y la confianza de un hijo en su padre.


Historia

Jesús estaba orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».

Jesús les respondió con un modelo que podían seguir. Debían comenzar con Dios mismo:

«Padre, que tu nombre sea santificado. Que venga tu reino».

Debían pedir el pan de cada día, poniendo ante Dios sus necesidades cotidianas día tras día. Debían pedir perdón por sus pecados y, al mismo tiempo, perdonar a quienes pecaban contra ellos. También debían pedir que Dios no los dejara caer en tentación.

Esta oración reunía la honra del nombre de Dios, el anhelo por su reino, la confianza en que él provee, la necesidad de misericordia y el deseo de recibir su guía. Jesús enseñaba a sus discípulos a acercarse a Dios como a su Padre y a presentarle la vida entera.

Luego Jesús les presentó una escena de la vida cotidiana. Supongamos que alguien fue a la casa de un amigo a medianoche. Había recibido en su casa a un viajero y no tenía nada que ofrecerle. Así que llamó desde afuera a su amigo y le pidió tres panes prestados.

El amigo respondió desde el otro lado de la puerta cerrada. Todo estaba ya dispuesto para pasar la noche. La puerta estaba cerrada con llave, los niños estaban en la cama y el hombre no quería levantarse.

Jesús dijo que, aunque la amistad por sí sola no bastara para hacerlo levantar, la audacia persistente de quien llamaba sí lo lograría. El hombre se levantaría y le daría todo lo que necesitara.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos que oraran con esa misma disposición:

«Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá la puerta».

Quienes piden reciben. Quienes buscan encuentran. Y a quienes llaman se les abre la puerta. No debían dejar de orar ante la primera dificultad o demora. Podían seguir acercándose a Dios.

Jesús pasó enseguida de la imagen de un vecino tras una puerta cerrada a la relación entre padres e hijos. Si un hijo le pidiera pescado a su padre, ¿le daría una serpiente en su lugar? Si le pidiera un huevo, ¿le pondría en la mano un escorpión? Los padres saben distinguir entre algo que alimenta y algo que hace daño.

Jesús dijo que, aunque los padres humanos son pecadores, aun así saben dar cosas buenas a sus hijos. Si es así, ¡con cuánta más razón podían los discípulos confiar en la bondad de su Padre celestial! Él da el Espíritu Santo a quienes se lo piden.


Lo que aprendemos

  • La oración comienza dirigiéndose a Dios como Padre, con el anhelo de que su nombre sea honrado y de que venga su reino.
  • Jesús nos invita a depender de Dios para recibir el sustento diario, el perdón y la ayuda cuando enfrentamos la tentación.
  • Pedir perdón va de la mano con perdonar a los demás. La vida delante de Dios no puede separarse de la manera en que tratamos a quienes nos hacen mal.
  • El vecino a medianoche muestra la importancia de insistir con audacia al orar. Jesús dice a sus discípulos que sigan pidiendo, buscando y llamando.
  • La confianza al orar descansa en la bondad del Padre, y Jesús culmina esta enseñanza con el don de Dios: el Espíritu Santo.

Contexto de la historia

Después de ver a Jesús orar, un discípulo le pide que les enseñe. Jesús presenta una oración que honra al Padre, pide la llegada del Reino, el pan de cada día, el perdón y ayuda ante la tentación. Luego habla de un amigo que insiste durante la noche y anima a pedir, buscar y llamar. La enseñanza retrata al Padre como generoso y orienta la perseverancia hacia el don del Espíritu Santo. Lucas presenta esta enseñanza después de ver a Jesús orar, de modo que la petición de los discípulos nace de una práctica observada. La oración reúne el honor del Padre, el Reino, el pan diario, el perdón y la protección ante la tentación. La escena del amigo insistente no promete que toda petición recibirá exactamente la forma deseada. Su énfasis está en acercarse con confianza, mientras la referencia final al Espíritu Santo mantiene la generosidad de Dios dentro de la propia enseñanza de Lucas.

Personas en la historia

  • Jesús — Enseña una forma de orar y anima a perseverar
  • Los discípulos — Piden aprender a orar
  • El Padre — Es presentado como generoso y dispuesto a dar el Espíritu Santo

Temas para observar

Oración confiada

Jesús enseña a honrar al Padre y pedir lo necesario con humildad.

Perseverancia

Pedir, buscar y llamar expresa una confianza que continúa aun sin controlar la respuesta.

El don del Espíritu

La generosidad del Padre culmina en el regalo del Espíritu Santo.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué parte de la oración de Jesús necesitas practicar?
  2. ¿Cómo perseveras sin convertir la oración en una exigencia?
  3. ¿Qué significa pedir el bien que Dios quiere dar?

Pide con confianza

Lee Lucas 11 con calma y deja que la enseñanza de Jesús forme tu oración diaria.

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