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Contexto
Pablo y Silas anunciaban las buenas noticias de Jesús en Filipos, donde una nueva comunidad de creyentes había empezado a reunirse. La casa de Lidia era uno de los lugares donde podían encontrarse.
La identidad y las leyes romanas marcaban la vida pública de Filipos. Los magistrados locales podían ejercer una autoridad considerable, mientras que invocar en público las costumbres romanas podía encender los ánimos de la multitud. En ese ambiente, la misión de Pablo y Silas estaba a punto de enfrentarse con los intereses económicos, el prejuicio y el poder de las autoridades.
Historia
Mientras Pablo y sus compañeros iban a un lugar de oración, se encontraron con una joven esclava. Tenía un espíritu por medio del cual adivinaba el futuro y hacía ganar mucho dinero a sus amos.
La joven seguía a Pablo y a los demás, y gritaba una y otra vez que eran siervos del Dios Altísimo y anunciaban el camino de salvación. Esto continuó durante muchos días. Profundamente inquieto, Pablo por fin se volvió y se dirigió al espíritu.
«En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella».
El espíritu salió de ella de inmediato.
Cuando sus amos comprendieron que habían perdido su fuente de ganancias, sujetaron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta la plaza, ante las autoridades. En vez de hablar de su pérdida económica, acusaron a los misioneros de causar disturbios en la ciudad. Subrayaron que Pablo y Silas eran judíos y afirmaron que enseñaban costumbres que los romanos no podían aceptar ni practicar.
La multitud se sumó al ataque. Sin concederles una audiencia adecuada, los magistrados ordenaron que les quitaran la ropa y los azotaran repetidas veces. Después, los arrojaron a la cárcel. El carcelero recibió órdenes estrictas de vigilarlos con la mayor seguridad, así que los puso en el calabozo interior y les sujetó los pies en el cepo.
A medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios. Los demás presos escuchaban.
De pronto, un fuerte terremoto sacudió la cárcel hasta sus cimientos. Las puertas se abrieron y las ataduras de todos se soltaron. El carcelero despertó, vio las puertas abiertas y supuso que los presos habían escapado. Entonces sacó la espada para quitarse la vida.
Pablo gritó con fuerza: «¡No te hagas daño! ¡Todos estamos aquí!»
El carcelero pidió que trajeran luces y entró corriendo. Temblando, cayó ante Pablo y Silas. Luego los sacó y preguntó: «¿Qué debo hacer para ser salvo?»
Ellos respondieron: «Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos». Luego explicaron la palabra del Señor al carcelero y a todos los que estaban en su casa.
El carcelero actuó de inmediato. En esa misma hora de la noche, les lavó las heridas. Después, él y toda su familia fueron bautizados. Llevó a Pablo y a Silas a su casa y les sirvió comida. Antes los había encerrado en el calabozo interior; ahora les atendía las heridas y los recibía a su mesa. Él y su familia se alegraron porque habían llegado a creer en Dios.
Cuando llegó la mañana, los magistrados enviaron guardias con la orden de poner en libertad a Pablo y Silas. El carcelero les dijo que estaban libres y que podían irse en paz.
Pero Pablo no aceptó que los pusieran en libertad discretamente. Pablo señaló ante los guardias que él y Silas eran ciudadanos romanos y que, aun así, los magistrados habían ordenado que los azotaran públicamente y sin juicio antes de encarcelarlos. Insistió en que los propios magistrados fueran en persona y los escoltaran hasta la salida.
Cuando las autoridades se enteraron de que Pablo y Silas eran ciudadanos romanos, tuvieron miedo. Fueron a la cárcel, les hicieron una petición y los escoltaron hasta la salida. Después pidieron a los misioneros que se fueran de la ciudad.
Antes de partir, Pablo y Silas fueron a la casa de Lidia. Allí se reunieron con los demás creyentes y los animaron. Luego salieron de Filipos.
Lo que aprendemos
- La liberación de la joven puso al descubierto la facilidad con que las personas pueden poner las ganancias por encima de la libertad y la dignidad de otra persona.
- Los azotes y el encarcelamiento no silenciaron a Pablo y Silas. Sus oraciones y cantos expresaban confianza en Dios en medio del sufrimiento y la injusticia.
- Pablo valoró la vida del carcelero más que una oportunidad inmediata de escapar. Poder quedar libre no lo volvió indiferente ante la desesperación de otra persona.
- La fe del carcelero se hizo visible cuando escuchó, cuidó de los prisioneros heridos, se bautizó, les brindó hospitalidad y expresó su alegría.
- La apelación de Pablo a su ciudadanía romana demuestra que actuar con fidelidad puede incluir señalar una injusticia y pedir a las autoridades que afronten públicamente esa injusticia.
Contexto de la historia
En Filipos, Pablo libera a una joven esclavizada de un espíritu de adivinación, y sus dueños pierden la ganancia que obtenían de ella. Acusan a Pablo y Silas, los golpean y los encarcelan sin un proceso adecuado. A medianoche ellos oran y cantan; un terremoto abre las puertas y suelta las cadenas. Pablo evita que el carcelero se haga daño, le anuncia la palabra del Señor y después recibe cuidado antes de invocar su ciudadanía romana. La experiencia de Filipos une explotación, violencia, oración y cuidado. La joven está bajo el control económico de sus dueños, quienes acusan a Pablo y Silas cuando pierden su ganancia. El terremoto abre las puertas, pero Pablo impide que el carcelero se mate y después le anuncia la palabra. La promesa dirigida al carcelero y su casa va acompañada de enseñanza a todos; no afirma que la fe de una persona salve automáticamente a cada familiar.
Personas en la historia
- Pablo y Silas — Oran, cantan y anuncian al carcelero la palabra del Señor
- La joven esclavizada — Es liberada de un espíritu de adivinación
- El carcelero — Recibe enseñanza, lava las heridas y acoge a los misioneros
Temas para observar
Dignidad de la joven
El relato no reduce a la joven esclavizada a una herramienta: muestra la explotación de sus dueños.
Oración en prisión
Pablo y Silas cantan y oran aun después de golpes y un encarcelamiento injusto.
Cuidado y libertad
El carcelero recibe la palabra, lava las heridas y descubre una salida que no destruye su vida.
Preguntas para reflexionar
- ¿Cómo conservas dignidad en una situación injusta?
- ¿Qué haces cuando una salida inesperada afecta a todos?
- ¿Cómo cuidas a alguien que está al borde de perder la esperanza?
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