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Contexto
Los primeros seguidores de Jesús eran judíos, pero la buena noticia se extendía mucho más allá de Judea. Antioquía se había convertido en un centro importante para esta misión en expansión, y muchos gentiles, es decir, personas de otras naciones, se volvían a Dios.
Durante mucho tiempo, la ley de Moisés había marcado la vida del pueblo judío, y la circuncisión identificaba a los varones judíos como miembros de Israel, el pueblo del pacto. Pero ahora la iglesia enfrentaba una pregunta urgente: ¿También debían circuncidarse los creyentes gentiles y obedecer la ley de Moisés para ser salvos? La respuesta afectaría a creyentes de muchas regiones y aclararía cuál era su lugar dentro del pueblo de Dios.
Historia
La disputa comenzó cuando algunos hombres llegaron de Judea a Antioquía. Enseñaban a los creyentes que los varones gentiles no podían ser salvos a menos que se circuncidaran conforme a la costumbre de Moisés.
Pablo y Bernabé se opusieron con firmeza a esa enseñanza, y esto provocó un serio debate. La iglesia decidió enviar a Pablo, Bernabé y varios más a Jerusalén para presentar el asunto ante los apóstoles y los ancianos de esa ciudad.
Mientras el grupo viajaba por Fenicia y Samaria, contaron a los creyentes cómo los gentiles se habían vuelto a Dios. La noticia llenó de alegría a las iglesias de aquellos lugares.
Cuando llegaron a Jerusalén, la iglesia, los apóstoles y los ancianos los recibieron con agrado. Pablo y Bernabé contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos. Sin embargo, algunos creyentes que pertenecían al grupo de los fariseos se pusieron de pie y sostuvieron que había que circuncidar a los gentiles y ordenarles que obedecieran la ley de Moisés.
Los apóstoles y los ancianos se reunieron para estudiar el asunto. Tras una larga discusión, Pedro se levantó para hablar. Les recordó que Dios ya lo había escogido para anunciar la buena noticia a los gentiles, a fin de que la oyeran y creyeran. Dios, que conoce cada corazón, había dado el Espíritu Santo a aquellos gentiles, tal como se lo había dado a los creyentes judíos.
Dios no había hecho ninguna distinción entre ellos. Había purificado sus corazones por medio de la fe. Por eso, Pedro preguntó por qué iban a poner a prueba a Dios imponiendo a los discípulos gentiles un yugo que ni sus antepasados ni ellos mismos habían podido soportar.
«Creemos que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, igual que ellos».
La asamblea guardó silencio. Luego Bernabé y Pablo describieron las señales y maravillas que Dios había realizado entre los gentiles por medio de ellos.
Cuando terminaron, Santiago se dirigió a los reunidos. Recordó que, según el testimonio de Pedro, Dios estaba formando de entre los gentiles un pueblo que llevara su nombre. Después mostró que esto coincidía con las palabras de los profetas. Dios había prometido restaurar la morada caída de David para que personas de las naciones, incluso gentiles que llevaran el nombre de Dios, buscaran al Señor. Lo que estaba ocurriendo entre los gentiles concordaba con lo que Dios había dado a conocer mucho tiempo atrás.
La conclusión de Santiago fue que no debían ponerles obstáculos a los gentiles que se volvían a Dios. Más bien, debían escribirles para indicarles que se abstuvieran de los alimentos contaminados por los ídolos, de la inmoralidad sexual, de la carne de animales estrangulados y de la sangre. También señaló que, desde hacía mucho tiempo, en cada ciudad había quienes proclamaban la ley de Moisés y la leían en las sinagogas todos los sábados.
Los apóstoles, los ancianos y toda la iglesia estuvieron de acuerdo. Eligieron a dos líderes respetados, Judas Barsabás y Silas, para que acompañaran a Pablo y Bernabé de regreso a Antioquía. Llevaban una carta dirigida a los creyentes gentiles de Antioquía, Siria y Cilicia.
La carta reconocía que algunas personas habían inquietado y perturbado a los creyentes con enseñanzas que habían dado sin autorización. Por eso, la iglesia de Jerusalén había acordado enviar a representantes de confianza junto con Bernabé y Pablo, dos hombres muy queridos que habían arriesgado la vida por el nombre del Señor Jesús. Judas y Silas confirmarían el mensaje personalmente.
La carta decía que al Espíritu Santo y a los creyentes reunidos les había parecido bien no imponer a los gentiles más carga que las instrucciones necesarias que Santiago había propuesto. No les exigía circuncidarse ni obedecer la ley de Moisés como condición para ser salvos.
Los mensajeros regresaron a Antioquía y reunieron a la iglesia. Cuando la carta se leyó en voz alta, los creyentes se alegraron porque su mensaje les dio ánimo. Judas y Silas, que también eran profetas, les hablaron extensamente para fortalecerlos.
Después de pasar algún tiempo en Antioquía, los visitantes fueron despedidos en paz. Pablo y Bernabé permanecieron allí, enseñando y anunciando la palabra del Señor junto con muchos otros.
Lo que aprendemos
- La salvación se fundamenta en la gracia del Señor Jesús, no en exigir que los creyentes gentiles se circunciden y obedezcan la ley de Moisés.
- Dios conoce el corazón. Al dar a los gentiles el Espíritu Santo y purificar sus corazones por medio de la fe, mostró que no hacía distinción entre creyentes judíos y gentiles.
- La iglesia afrontó un serio desacuerdo al escuchar testimonios, considerar las Escrituras y discernir juntos bajo la guía del Espíritu Santo.
- Rechazar una carga innecesaria no significó ignorar la importancia de una conducta fiel; el concilio también dio instrucciones claras a los creyentes gentiles.
- Una corrección sincera, mensajeros dignos de confianza y una comunicación clara convirtieron la confusión en ánimo y fortalecieron a la iglesia.
Contexto de la historia
Una disputa en Antioquía surge cuando algunos enseñan que los creyentes gentiles deben circuncidarse para salvarse. Pablo y Bernabé viajan a Jerusalén, donde apóstoles y ancianos examinan el asunto. Pedro recuerda que Dios dio el Espíritu a los gentiles por la fe; Bernabé y Pablo cuentan lo sucedido, y Santiago cita a los profetas. El concilio envía una carta que no impone la circuncisión, pero sí orientaciones para la convivencia de aquellas iglesias. Hechos sitúa el concilio en una disputa concreta sobre la circuncisión de los creyentes gentiles. Pedro, Bernabé, Pablo y Santiago aportan testimonios y Escrituras antes de enviar una carta a iglesias de Antioquía, Siria y Cilicia. La decisión no impone la circuncisión como condición de salvación, pero tampoco borra toda obligación ética ni cada práctica judía. Las instrucciones buscan una convivencia posible entre comunidades con historias y costumbres distintas.
Personas en la historia
- Pedro — Testifica sobre la fe y el don del Espíritu a los gentiles
- Pablo y Bernabé — Relatan la obra de Dios entre las naciones
- Santiago — Cita a los profetas y ayuda a formular la carta
Temas para observar
Discernimiento comunitario
Apóstoles y ancianos escuchan testimonios y examinan una disputa que afecta a varias iglesias.
Fe y pueblos distintos
Pedro y Santiago afirman la obra de Dios entre los gentiles sin borrar las responsabilidades de convivencia.
Carta para la convivencia
El concilio rechaza imponer la circuncisión como condición de salvación y ofrece orientaciones concretas.
Preguntas para reflexionar
- ¿Cómo se resuelven desacuerdos entre culturas distintas?
- ¿Qué diferencia hay entre libertad y falta de responsabilidad?
- ¿Cómo escuchas testimonios antes de emitir un juicio?
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Aprende a resolver desacuerdos
Vuelve a Hechos 15 para observar el discernimiento que protege el evangelio y la convivencia.




