Lee la historia
Contexto
Nicodemo era fariseo y también dirigente judío. Los fariseos eran conocidos por la rigurosa atención que prestaban a la ley de Dios, y Jesús se refirió a Nicodemo como maestro de Israel. Era uno de aquellos de quienes se esperaba que entendieran los asuntos espirituales.
Por eso, el reino de Dios no era un tema nuevo para él. Sin embargo, conocer el lenguaje de la fe no era lo mismo que comprender la vida que Dios da. Nicodemo comenzó su encuentro con Jesús confiado en sus conocimientos religiosos, pero pronto se enfrentó a una pregunta que su formación no podía responder: ¿Cómo puede alguien recibir una vida que solo el Espíritu de Dios puede dar?
Historia
Una noche, Nicodemo fue a ver a Jesús. Lo llamó respetuosamente rabí y comenzó hablando de lo que él y otros creían saber. Nicodemo afirmó que Jesús debía de ser un maestro enviado por Dios, porque nadie podría realizar esas señales si Dios no estuviera con él.
Jesús no se detuvo en la opinión de Nicodemo. Fue directamente a una necesidad más profunda: si una persona no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
Nicodemo entendió que se trataba de otro nacimiento físico. ¿Cómo podía un hombre nacer por segunda vez si ya era viejo? Desde luego, no podía entrar de nuevo en el vientre de su madre.
Jesús explicó que para entrar en el reino de Dios es necesario nacer del agua y del Espíritu. El nacimiento humano da vida humana. El Espíritu, en cambio, da vida espiritual. Nicodemo no debía sorprenderse al oír: «Tienen que nacer de nuevo».
Después, Jesús señaló el viento. Sopla donde quiere. Se oye su sonido, aunque nadie puede determinar de dónde viene ni adónde va. Lo mismo ocurre con toda persona que nace del Espíritu. La obra del Espíritu es real, aunque no se pueda observar ni explicar del mismo modo que un nacimiento físico común.
Todavía desconcertado, Nicodemo preguntó: «¿Cómo puede ser esto?».
Jesús lo cuestionó. Nicodemo era maestro de Israel y, aun así, no entendía estas cosas. Jesús le dijo que ese testimonio se basaba en lo que se conocía y se había visto, pero no había sido aceptado. Si Nicodemo no creía cuando Jesús hablaba de cosas terrenales, ¿cómo iba a creer si le hablaba de las celestiales?
Nadie había subido al cielo y regresado con ese conocimiento. El Hijo del hombre había venido del cielo y podía hablar de las cosas celestiales.
Jesús recordó entonces una imagen de la historia de Israel en el desierto. Moisés había levantado una serpiente en el desierto. Del mismo modo, el Hijo del hombre tiene que ser levantado para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Entonces el sentido queda más claro. Dios actuó movido por el amor: amó al mundo y dio a su Hijo único para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. El propósito de Dios al enviar a su Hijo no fue condenar al mundo, sino salvarlo por medio de él.
Quienes creen en el Hijo no son condenados. Quienes no creen ya están bajo condena porque no han creído en el Hijo único de Dios.
Este juicio se ilustra con la respuesta de las personas ante la luz. La luz llegó al mundo, pero las personas prefirieron la oscuridad a la luz porque sus acciones eran malas. Quienes practican el mal evitan la luz porque no quieren que sus actos queden al descubierto.
En cambio, quien vive según la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que sus acciones se realizan en obediencia a Dios.
Lo que aprendemos
- El conocimiento religioso y una posición respetada no libran a nadie de necesitar la vida nueva que Dios da.
- El nuevo nacimiento es obra del Espíritu. Como sucede con el viento, no podemos controlarlo, pero sí podemos reconocer que es real.
- Jesús relaciona la vida eterna con que el Hijo del hombre sea levantado y con la fe en él.
- Dios envió a su Hijo por amor, buscando la salvación del mundo y no su condenación.
- Nuestra respuesta a Jesús revela si preferimos la oscuridad o si estamos dispuestos a acercarnos a la luz y vivir según la verdad.
Contexto de la historia
Nicodemo llega con reconocimiento religioso, pero la conversación lo coloca ante un lenguaje que no controla. Jesús usa la imagen del nacimiento y del viento para hablar de una obra del Espíritu que no puede reducirse a una credencial. La referencia a la serpiente levantada en el desierto conecta la vida eterna con la elevación del Hijo del Hombre. Juan presenta además una afirmación amplia sobre el amor de Dios y una distinción moral entre luz y oscuridad. El pasaje ha generado diversas explicaciones sobre ‘nacer de nuevo’; conviene exponer el texto y reconocer sus imágenes sin imponer una sola tradición como si fuera el único significado posible.
Personas en la historia
- Nicodemo — Fariseo y dirigente que busca a Jesús de noche
- Jesús — Maestro que enseña sobre el nuevo nacimiento, la luz y la vida
- El Hijo del Hombre — Figura que será levantada para que haya vida eterna
Temas para observar
Nuevo nacimiento
Jesús habla de una vida que comienza por la obra del Espíritu.
Amor y salvación
El envío del Hijo se presenta como una expresión del amor de Dios.
Luz y verdad
Acercarse a la luz implica dejar que las obras sean conocidas.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué parte de tu identidad religiosa necesita abrirse a una transformación más profunda?
- ¿Cómo describirías una vida guiada por el Espíritu sin reducirla a una fórmula?
- ¿Qué significa para ti acercarte a la luz?
- ¿Cómo puede el amor de Dios cambiar tu manera de mirar al mundo?
Historias relacionadas
Permite una vida nueva
El nuevo nacimiento abre una conversación sobre Espíritu, verdad y amor. Cuando quieras seguir leyendo, puedes conocer Bible Note.




