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Contexto
Jesús enseñaba con frecuencia acerca del reino de Dios mediante parábolas. Usaba escenas de la vida cotidiana para señalar verdades que no siempre resultaban evidentes al oírlas por primera vez. Toda una multitud podía escuchar el mismo relato, pero comprender su significado requería prestar mucha atención.
Los Doce formaban el grupo central de discípulos de Jesús, pero también ellos necesitaban que les explicara lo que no comprendían. En esta escena, la cuestión no es solo si las personas oyen las palabras de Jesús, sino qué sucede con la palabra después de oírla.
Historia
Jesús volvió a enseñar a la orilla del lago. La multitud que se reunió era tan numerosa que subió a una barca y se sentó allí, mientras todos los demás permanecían en tierra, junto a la orilla. Desde la barca les enseñó muchas cosas por medio de parábolas.
Entonces les pidió que prestaran atención.
«¡Escuchen! Un sembrador salió a sembrar».
Mientras el sembrador esparcía las semillas, algunas cayeron junto al camino. Llegaron unos pájaros y se las comieron antes de que pudieran crecer.
Otras semillas cayeron en terreno pedregoso, donde solo había una capa delgada de tierra. Brotaron pronto, pero no pudieron echar raíces profundas. Cuando salió el sol, las plantas tiernas se quemaron y se marchitaron.
Otras semillas cayeron entre espinos. Estos crecieron alrededor de las plantas, les quitaron espacio y las ahogaron, de modo que no produjeron grano.
Pero otras semillas cayeron en buena tierra. Brotaron, crecieron y produjeron una cosecha abundante: treinta, sesenta y hasta cien veces lo sembrado.
Jesús terminó la parábola con un llamado dirigido a todos los que escuchaban:
«Quien tenga oídos para oír, que oiga».
Más tarde, cuando Jesús estaba apartado de la multitud, quienes lo rodeaban, junto con los Doce, le hicieron preguntas sobre la parábola.
Jesús les dijo que a ellos se les había dado el misterio del reino de Dios. Para los de afuera, en cambio, todo llegaba por medio de parábolas. Podían seguir viendo sin percibir y oyendo sin entender; de otro modo, podrían convertirse y ser perdonados.
Luego Jesús les preguntó cómo podrían entender las demás parábolas si no comprendían esa.
La imagen central era la semilla: lo que el sembrador sembraba era la palabra.
Las semillas que cayeron junto al camino representaban a las personas que oyen la palabra, pero Satanás viene de inmediato y les quita la palabra sembrada en sus corazones.
Las semillas del terreno pedregoso representaban a quienes oyen la palabra y enseguida la reciben con alegría. Pero la palabra nunca echa raíces en ellos, por lo que solo se mantienen por un tiempo. Cuando llegan las dificultades o la persecución a causa de la palabra, se apartan rápidamente.
El terreno cubierto de espinos representaba a las personas que también oyen la palabra. Sin embargo, las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y los deseos de otras cosas se abren paso en su interior. Todo eso compite con la palabra, la ahoga y hace que no dé fruto.
Por último, la buena tierra representaba a quienes oyen la palabra y la aceptan. Dan fruto, aunque la cosecha varía: algunos producen treinta veces lo sembrado; otros, sesenta; y otros, cien.
Lo que aprendemos
- Las parábolas de Jesús exigen más que una escucha superficial; quienes las oyen deben buscar y recibir la verdad que él enseña.
- Quienes rodean a Jesús reconocen que no entienden y le piden una explicación, en lugar de marcharse.
- Una respuesta rápida y alegre necesita raíces profundas para mantenerse firme ante las dificultades o la oposición.
- Las preocupaciones, el engaño de las riquezas y los deseos que compiten con la palabra pueden ahogarla silenciosamente e impedir que dé fruto.
- Quienes oyen y aceptan la palabra dan fruto, aunque la cantidad de fruto varíe.
Contexto de la historia
La parábola usa una escena agrícola reconocible para hablar de respuestas humanas diferentes. La semilla es la palabra, pero el resultado no depende de cambiar el mensaje: depende de lo que ocurre con ella en cada terreno. Jesús no presenta una escala para presumir de productividad, pues la buena tierra produce treinta, sesenta o ciento por uno. La explicación menciona oposición, superficialidad y deseos que compiten con la palabra. No conviene usarla para etiquetar permanentemente a otras personas; la pregunta principal es qué está impidiendo hoy una escucha profunda y perseverante. El fruto variable recuerda que escuchar, recibir y perseverar importan más que comparar resultados entre personas.
Personas en la historia
- Jesús — Maestro que cuenta y explica la parábola
- El sembrador — Figura que esparce la semilla de la palabra
- Los oyentes — Personas representadas por cuatro terrenos y respuestas distintas
Temas para observar
Escucha receptiva
Recibir la palabra implica atención, perseverancia y fruto.
Obstáculos interiores
Preocupaciones, riqueza y dificultad pueden ahogar lo escuchado.
Fruto diverso
La respuesta fiel produce resultados diferentes sin una medida única.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué tipo de terreno describe tu manera actual de escuchar?
- ¿Qué preocupación compite con la palabra que has recibido?
- ¿Cómo puedes cultivar una atención más profunda?
- ¿Qué fruto pequeño ya está apareciendo en tu vida?
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