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Contexto
Abram vivía en Harán con su esposa Saray y una familia extensa que incluía a su sobrino Lot. Contaba con bienes y estaba rodeado de personas, pero no tenía ningún hijo que continuara su linaje. Además, tenía setenta y cinco años cuando Dios lo llamó a emprender un nuevo viaje.
Esto planteaba una pregunta que Abram no podía resolver por sí solo: ¿cómo podía un hombre sin hijos dar origen a un gran pueblo? Todo dependería de lo que Dios prometiera y de cómo respondiera Abram.
Historia
Dios le dijo a Abram que dejara su tierra, sus parientes y la casa de su padre, y que fuera a una tierra que le mostraría. Esa orden vino acompañada de promesas extraordinarias. Dios haría de Abram una gran nación. Lo bendeciría y haría grande su nombre, para que Abram fuera una bendición. Dios bendeciría a quienes lo bendijeran y maldeciría a quien lo maldijera. Por medio de Abram, todas las familias de la tierra serían bendecidas.
Abram respondió poniéndose en camino, tal como Dios le había dicho. A los setenta y cinco años, salió de Harán con Saray, su sobrino Lot, sus bienes y las personas que formaban parte de su casa. Juntos partieron rumbo a Canaán y entraron en aquella tierra.
En el lugar de Moré, cerca de Siquén, los cananeos ya vivían en aquella tierra. Allí Dios se le apareció a Abram y prometió dar esa tierra a su descendencia. Como respuesta, Abram construyó un altar al Señor, que se le había aparecido.
De allí, Abram se trasladó a las colinas al este de Betel. Instaló su tienda con Betel al oeste y Hai al este. Una vez más, construyó un altar e invocó el nombre del Señor. Después siguió viajando hacia el sur.
Más tarde, Dios se dirigió a Abram en una visión. Le dijo que no tuviera miedo. Dios era el escudo de Abram y le prometió una recompensa muy grande.
Abram respondió señalando el problema que tenía ante sí. Seguía sin tener hijos, y Eliezer de Damasco, un siervo de su casa, quedaría como heredero de sus bienes. Como Abram no tenía un hijo, alguien nacido en su casa se convertiría en su heredero.
Dios le dijo a Abram que Eliezer no sería su heredero. Su propio hijo heredaría sus bienes. Después, Dios llevó a Abram afuera y le dijo que mirara al cielo y contara las estrellas, si podía.
Así de numerosa sería su descendencia.
Abram creyó al Señor, y el Señor se lo reconoció como justicia.
Dios añadió que era el Señor quien había sacado a Abram de Ur de los caldeos para darle aquella tierra. Abram preguntó cómo podía saber que llegaría a poseerla.
Dios le indicó que trajera una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón de paloma. Abram trajo los animales, partió por la mitad los de mayor tamaño y colocó cada mitad frente a la otra. No partió las aves. Cuando las aves de rapiña bajaron sobre los cuerpos de los animales, Abram las ahuyentó.
Mientras se ponía el sol, Abram cayó en un sueño profundo y una oscuridad aterradora lo envolvió. Dios le dijo lo que enfrentarían sus descendientes. Vivirían como extranjeros en un país que no era suyo, donde serían esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. Dios juzgaría a la nación a la que servirían, y después saldrían de allí con muchos bienes.
Abram, por su parte, moriría en paz a una edad muy avanzada. Sus descendientes regresarían en la cuarta generación, porque el pecado de los amorreos todavía no había llegado a su límite.
Cuando el sol ya se había puesto y la oscuridad cubría la tierra, aparecieron un horno humeante y una antorcha encendida, que pasaron entre las partes separadas de los animales. Ese día, el Señor hizo con Abram un pacto: un compromiso solemne y vinculante. Se comprometió a dar a los descendientes de Abram la tierra que se extendía desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates, incluidos los territorios de los pueblos que entonces vivían por toda aquella región.
Lo que aprendemos
- Dios toma la iniciativa: llama a Abram y promete una bendición destinada a alcanzar a todas las familias de la tierra.
- Abram responde a la palabra de Dios con acciones. Sale de Harán, entra en la tierra, construye altares e invoca el nombre del Señor.
- Confiar no impide hacer preguntas sinceras. Abram, que no tiene hijos, pregunta por un heredero y por la tierra, y Dios responde aclarando y confirmando sus promesas.
- Abram es considerado justo porque le cree al Señor antes de tener en sus manos la descendencia o la tierra prometidas.
- El pacto de Dios va más allá de una sola vida. Incluye un tiempo de espera, sufrimiento, juicio contra la opresión y el futuro regreso de los descendientes de Abram.
Contexto de la historia
Abram vive en Harán con Saray, su esposa, Lot, su sobrino, y una familia extensa. Tiene bienes y compañía, pero no un hijo que continúe su linaje. A los setenta y cinco años recibe un llamado que exige dejar lo conocido sin conocer todavía el destino completo. Dios promete hacer de él una gran nación, bendecirlo y convertirlo en bendición para todas las familias de la tierra. Abram responde viajando, entrando en Canaán y levantando altares. Más adelante expresa su inquietud por no tener heredero y por la tierra prometida. El pacto que Dios confirma no elimina la espera: también anuncia sufrimiento, opresión y un regreso futuro de sus descendientes. La fe de Abram se muestra en caminar y creer antes de tener la promesa en sus manos.
Personas en la historia
- Dios — Llama a Abram y promete bendición, descendencia, tierra y protección
- Abram — Hombre que deja Harán, adora, pregunta y cree la promesa de Dios
- Saray — Esposa de Abram que viaja con él hacia Canaán
- Lot — Sobrino que acompaña a Abram y a Saray en el viaje
Temas para observar
Llamado y obediencia
Abram responde con pasos concretos a una palabra que abre un futuro incierto.
Fe en la espera
La confianza convive con preguntas mientras la promesa todavía no se cumple.
Bendición para otros
La promesa a Abram apunta más allá de su propia familia, hacia todas las familias de la tierra.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué paso de obediencia puedes dar aunque todavía no veas todo el camino?
- ¿Cómo puedes llevar tus preguntas a Dios sin abandonar la confianza?
- ¿De qué manera una promesa recibida puede convertirse en bendición para otras personas?
- ¿Qué te ayuda a permanecer fiel durante una espera prolongada?
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