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Rajab ayuda a los espías

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Rajab ayuda a los espías

Josué envía dos espías a Jericó, donde Rajab, una mujer de Jericó conocida como prostituta, los recibe y los esconde de los mensajeros del rey. Los desvía con una respuesta engañosa y luego confiesa que el Señor ha dado la tierra a Israel. Pide que protejan a su familia, y los espías juran hacerlo si todos permanecen dentro de su casa y ella deja visible un cordón rojo. Los hombres escapan, regresan a Josué y cuentan que Jericó tiene miedo.

Referencias bíblicas: Josué 2:1-24

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Actúa con valentía

Rajab responde a lo que sabe de Dios y pone su valor al servicio de su familia. Descarga Bible Note para continuar tu lectura bíblica.

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Contexto

Israel estaba acampado al este del río Jordán, cerca de la tierra que Dios le había prometido, pero todavía sin cruzar la frontera. Moisés ya no estaba, y Josué, hijo de Nun, guiaba ahora al pueblo. Delante de ellos se levantaba Jericó, una ciudad fuerte cerca de la ruta de entrada a la tierra.

Jericó fue el primer lugar que Josué decidió explorar, pero la misión no permanecería en secreto por mucho tiempo. Antes de que los dos hombres pudieran regresar, tendrían que encontrar ayuda dentro de una ciudad cuyo gobernante quería que se los entregaran.


Historia

Desde el campamento en Sitín, Josué envió en secreto a dos hombres. Les ordenó reconocer la tierra, especialmente Jericó. Ellos salieron y llegaron a la casa de una mujer llamada Rajab, conocida como prostituta, y se quedaron allí.

Su llegada no pasó inadvertida. El rey de Jericó recibió aviso de que aquella noche habían llegado hombres de Israel para reconocer el territorio. El rey mandó a decirle a Rajab que sacara a los hombres que habían entrado en su casa, porque habían venido como espías.

Rajab ya los había escondido. Cuando llegaron los mensajeros del rey, dijo que aquellos hombres sí habían venido a su casa, pero que ella no sabía de dónde eran. Les explicó que se habían ido al anochecer, justo cuando la puerta de la ciudad estaba por cerrarse. Si los mensajeros se apresuraban, dijo, tal vez todavía podrían alcanzarlos.

En realidad, los dos espías estaban en la azotea de Rajab. Ella los había cubierto con tallos de lino que estaban extendidos allí. Los perseguidores salieron de la ciudad y fueron hacia los lugares por donde se cruzaba el río Jordán, buscando a los hombres. En cuanto salieron, la puerta de la ciudad se cerró.

Antes de que los espías se acomodaran para pasar la noche, Rajab subió a la azotea. Sus palabras dejaron claro el riesgo que había corrido. Les dijo que sabía que el Señor le había entregado la tierra a Israel. El pueblo de Jericó tenía miedo, dijo, y se les había ido el valor a causa de Israel.

Habían oído lo que el Señor había hecho en el mar Rojo cuando Israel salió de Egipto. También habían oído lo de Sijón y Og, los reyes amorreos al otro lado del Jordán, que habían sido derrotados. Esas noticias no solo habían asustado a Rajab; la habían llevado a una confesión clara.

«El Señor, el Dios de ustedes, es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra».

Luego Rajab pidió a los espías que hicieran una promesa bajo juramento. Como ella les había mostrado bondad, les pidió que mostraran bondad a la familia de su padre. Suplicó por la vida de su padre y su madre, de sus hermanos y hermanas, y de todos los suyos.

Los hombres aceptaron y se comprometieron a responder con sus vidas por la de ella, con tal de que no revelara su misión. Cuando el Señor le entregara la tierra a Israel, dijeron, actuarían con bondad y fidelidad hacia ella.

La casa de Rajab estaba construida en la muralla de la ciudad, así que ella ayudó a los hombres a escapar por una ventana. Los bajó con una cuerda y les dijo que no regresaran directamente hacia el campamento de Israel. Los perseguidores estarían vigilando el camino. En cambio, les dijo que fueran a las colinas y se escondieran allí durante tres días, hasta que los que los buscaban regresaran. Después de eso, podrían seguir su camino.

Antes de irse, los espías dejaron claras las condiciones del juramento. Cuando Israel entrara en la tierra, Rajab debía atar un cordón rojo en la misma ventana por la que los había bajado. También debía reunir en su casa a su padre, su madre, sus hermanos y toda la familia de su padre. Todo el que permaneciera dentro de la casa estaría bajo la protección de los espías. Todo el que saliera a la calle tendría que asumir por su cuenta las consecuencias. Si alguien dentro de la casa sufría daño, los espías serían responsables. Pero, si Rajab le contaba a alguien acerca de la misión, el juramento ya no los obligaría.

Rajab aceptó lo que le dijeron. Los despidió, y ellos se fueron. Luego ató el cordón rojo a la ventana.

Los dos hombres siguieron sus instrucciones. Fueron a las colinas y permanecieron allí tres días, mientras los perseguidores buscaban por el camino y no los encontraban. Cuando terminó la búsqueda, los espías bajaron de las colinas, volvieron a cruzar el Jordán y regresaron a Josué.

Le contaron todo lo que había pasado. Su informe no trataba solo de la ciudad. Habían escuchado de la propia boca de Rajab que Jericó tenía miedo. Dijeron que el Señor había entregado toda la tierra en manos de Israel, porque los habitantes de la tierra estaban perdiendo el ánimo ante ellos.


Lo que aprendemos

  • Dios ya había obrado antes de que Israel llegara. Rajab y el pueblo de Jericó ya habían oído lo que el Señor había hecho.
  • Rajab respondió a lo que sabía de Dios. Aunque vivía dentro de Jericó, confesó que el Dios de Israel gobierna el cielo y la tierra.
  • En el peligro, la bondad y la fidelidad importan. Rajab protegió a los espías, y ellos se comprometieron bajo juramento a proteger a su familia.
  • La promesa requería que Rajab reuniera a su familia dentro de la casa. El cordón rojo era una señal concreta ligada a esa promesa.
  • Los espías regresaron con confianza porque las palabras de Rajab confirmaban lo que Dios estaba haciendo: estaba entregando la tierra en manos de Israel.

Contexto de la historia

Israel se encuentra al este del Jordán, cerca de la tierra prometida, y Josué acaba de asumir el liderazgo después de Moisés. Jericó es una ciudad fuerte que controla la entrada, por lo que Josué envía a dos espías para reconocerla. Rajab, una mujer de Jericó conocida como prostituta, los recibe y la misión queda expuesta cuando el rey exige que los entregue. Rajab los oculta, desvía a los perseguidores y luego explica por qué ha tomado partido: ha oído lo que el Señor hizo en el mar y al este del Jordán, y reconoce que él gobierna el cielo y la tierra. Su petición no es una promesa universal de seguridad. Los espías acuerdan proteger a su familia bajo condiciones concretas: reunirla en la casa, mantener el cordón rojo y no revelar la misión. El relato une riesgo, confesión, astucia y fidelidad a un juramento.

Personas en la historia

  • RajabMujer de Jericó conocida como prostituta que esconde a los espías, confiesa la autoridad del Señor y protege a su familia
  • Los dos espíasMensajeros israelitas que aceptan el juramento y regresan con un informe de confianza
  • El rey de JericóGobernante que ordena a Rajab entregar a los espías
  • La familia de RajabParientes y dependientes reunidos bajo la protección prometida
  • El SeñorDios cuyas obras llevan a Rajab a reconocer su autoridad

Temas para observar

Fe bajo amenaza

Rajab actúa según lo que ha oído del Señor, aun viviendo dentro de Jericó.

Protección y valentía

Su riesgo busca preservar a los mensajeros y a toda su casa.

Juramento y fidelidad

La protección de la familia depende de condiciones que ambas partes deben respetar.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué haces cuando una convicción te coloca en una posición vulnerable?
  2. ¿Cómo puedes proteger a otras personas sin olvidar las condiciones reales de un compromiso?
  3. ¿Qué reputación de Dios has recibido a través de las historias de otras personas?
  4. ¿Dónde necesitas ser fiel a una promesa concreta?

Protege a quienes te rodean

La historia de Rajab une riesgo, hospitalidad y una promesa con condiciones claras. Cuando quieras seguir leyendo, puedes conocer Bible Note.

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