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La oración de Ana y el llamado de Dios a Samuel

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La oración de Ana y el llamado de Dios a Samuel

Ana sufre burlas porque no tiene hijos y ora en silencio en Siló, prometiendo dedicar al Señor el hijo que reciba. Nace Samuel, y después de destetarlo Ana cumple su voto y lo deja al servicio de Dios. Elí sirve como sacerdote, pero sus hijos cometen abusos sexuales contra las mujeres que sirven en el santuario y reciben una advertencia de juicio. Una noche Dios llama a Samuel, quien escucha, recibe un mensaje difícil sobre la familia de Elí y comienza a ser reconocido como profeta.

Referencias bíblicas: 1 Samuel 1:1-3:21

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La oración de Ana y la escucha de Samuel unen vulnerabilidad, fidelidad y valentía. Descarga Bible Note para continuar tu lectura bíblica.

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Contexto

Antes de que hubiera un rey en Israel, el pueblo llevaba sus sacrificios al santuario de Siló, donde estaba el arca de Dios, señal de su presencia conforme al pacto. Elí era un sacerdote de edad avanzada que servía allí, y sus hijos, Ofni y Finés, también eran sacerdotes. La fidelidad de estos hombres influía en todos los que acudían a adorar. A ese importante lugar público llegó Ana, con un dolor íntimo que los demás no comprendían del todo.


Historia

El esposo de Ana, Elcaná, tenía dos esposas. Penina tenía hijos e hijas, pero el Señor no le había dado hijos a Ana. Cada año, toda la familia viajaba de Ramá a Siló para adorar y ofrecer sacrificios. Elcaná amaba a Ana y le daba una porción especial de la comida del sacrificio, pero Penina se burlaba de ella una y otra vez por no tener hijos. Ana lloraba y no podía comer. Elcaná trataba de consolarla: le preguntaba por qué estaba tan afligida y si él no era para ella más importante que diez hijos.

Después de la comida en Siló, Ana fue a orar. Elí estaba sentado cerca de la entrada del santuario mientras ella lloraba amargamente ante el Señor. Prometió que, si Dios le daba un hijo, se lo entregaría al Señor para toda la vida y jamás le pasarían una navaja por la cabeza.

Ana oraba en silencio. Movía los labios, pero Elí no oía su voz, así que supuso que estaba ebria y la reprendió. Ana le explicó con respeto que no había bebido vino. Estaba profundamente angustiada y había estado derramando su alma ante el Señor. Entonces Elí le dijo que se fuera en paz y oró para que el Dios de Israel le concediera lo que había solicitado. Ana se fue, comió y dejó de estar abatida.

Después de adorar a la mañana siguiente, la familia regresó a Ramá. El Señor se acordó de Ana y, a su debido tiempo, ella dio a luz a un hijo. Lo llamó Samuel, recordando que se lo había pedido al Señor.

Ana amamantó y cuidó a Samuel hasta que lo destetó. Luego lo llevó a Siló junto con unas ofrendas y le recordó a Elí que ella era la mujer que tiempo atrás había estado allí orando. «Por este niño oré», dijo. El Señor le había concedido lo que pidió, y ahora ella dedicaba a Samuel al Señor para toda la vida.

La alabanza de Ana no se limitó a su propia alegría. Alabó al Señor como el Dios santo y digno de confianza que sopesa las acciones humanas, derriba a los orgullosos, fortalece a los débiles, levanta a los pobres y protege a quienes le son fieles. Elcaná regresó a casa, mientras Samuel se quedó en Siló sirviendo al Señor bajo el cuidado de Elí.

Cada año, Ana visitaba a Samuel y le llevaba una pequeña túnica que había hecho. Elí bendijo a Elcaná y a Ana, y más adelante el Señor le dio a ella otros tres hijos y dos hijas. Samuel siguió creciendo en la presencia del Señor y gozaba cada vez más del favor de Dios y de la gente.

El servicio fiel de Samuel contrastaba claramente con el de los hijos de Elí. Ofni y Finés no conocían al Señor. Abusaban de su posición sacerdotal: tomaban por la fuerza partes de los sacrificios antes de que se presentara la ofrenda requerida. También se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la Tienda de reunión. Su pecado era gravísimo, y su conducta hacía que la gente despreciara las ofrendas del Señor. Elí reprendió a sus hijos cuando se enteró de lo que hacían, pero ellos se negaron a escucharlo y él no los refrenó.

Un hombre de Dios fue a ver a Elí con una advertencia. Dios había honrado a la familia de Elí al concederle el sacerdocio, pero Elí había honrado a sus hijos más que al Señor. El juicio caería sobre su familia. Ofni y Finés morirían el mismo día, y Dios levantaría a un sacerdote fiel que haría lo que estaba en el corazón de Dios.

Un tiempo después, mientras Samuel aún era joven, los mensajes del Señor eran poco frecuentes. Una noche, antes de que se apagara la lámpara del santuario, Elí descansaba y Samuel también se había acostado. El Señor llamó a Samuel. Samuel respondió: «Aquí estoy», y corrió hacia Elí, pensando que el anciano sacerdote lo había llamado. Elí le dijo que no lo había llamado y que volviera a acostarse.

Lo mismo ocurrió por segunda vez. Cuando Samuel fue a ver a Elí después del tercer llamado, Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho. Samuel todavía no había recibido una palabra directa del Señor. Por eso, Elí le indicó que volviera a acostarse y que, si escuchaba que lo llamaban de nuevo, respondiera: «Habla, que tu siervo escucha».

El Señor se acercó y lo llamó una vez más: «¡Samuel! ¡Samuel!». Esta vez, Samuel respondió como Elí le había enseñado.

El mensaje era difícil. El Señor le dijo a Samuel que llevaría a cabo el juicio ya anunciado contra la familia de Elí. Elí conocía la maldad de sus hijos y no los había refrenado. El juicio anunciado no podría anularse con otro sacrificio ni con otra ofrenda.

Samuel se quedó acostado hasta la mañana y luego abrió las puertas del santuario. Tenía miedo de contarle a Elí lo que había oído. Pero Elí lo llamó e insistió en que no le ocultara nada. Samuel se lo contó todo. Elí respondió: «Él es el Señor; que haga lo que considere bueno».

Mientras Samuel crecía, el Señor estaba con él y confirmó las palabras que le comunicaba. En todo Israel, desde Dan, en el norte, hasta Berseba, en el sur, el pueblo reconoció a Samuel como profeta del Señor. El Señor siguió revelándose en Siló al comunicarle su palabra a Samuel.


Lo que aprendemos

  • Ana llevó su dolor ante Dios con sinceridad. Su oración silenciosa muestra que la oración no depende de que otras personas la oigan o la comprendan.
  • Cuando recibió respuesta a su oración, Ana actuó con fidelidad. Cumplió su promesa y encomendó a Samuel al Señor.
  • Un cargo sagrado no puede ocultar la corrupción ante Dios. Él sopesa las acciones humanas y pide cuentas a los líderes por cómo conducen el culto y tratan a las personas.
  • Escuchar a Dios puede requerir valentía. Samuel le contó fielmente a Elí todo el mensaje, aunque tenía miedo.
  • El llamado de Samuel comenzó por iniciativa de Dios. En una época en que rara vez se oía la palabra del Señor, Dios llamó, guio y estableció a un siervo que escuchaba.

Contexto de la historia

Antes de que Israel tenga un rey, las familias acuden al santuario de Siló, donde el arca representa la presencia de Dios y Elí sirve como sacerdote. Allí llega Ana con un dolor que no todos comprenden. Penina la provoca por no tener hijos, pero Ana lleva su angustia a Dios en una oración silenciosa y hace un voto específico: si recibe un hijo, lo dedicará al Señor. Samuel nace, crece y es llevado a Siló cuando deja de mamar. Ana cumple su promesa, de modo que la dedicación del niño no debe transformarse en una regla para todos los padres. Mientras tanto, Ofni y Finés cometen abusos sexuales contra las mujeres que sirven en el santuario y reciben una advertencia de muerte. Samuel oye su nombre durante la noche, aprende a responder y luego comunica a Elí un mensaje difícil. La historia entrelaza oración, fidelidad, abuso de autoridad y el comienzo de un llamado profético.

Personas en la historia

  • DiosDador de Samuel, juez de la casa de Elí y quien llama al joven profeta
  • AnaMujer que ora en medio del dolor, hace un voto y dedica a Samuel
  • SamuelNiño dedicado a Dios que escucha su llamado y comunica un mensaje difícil
  • ElíSacerdote anciano que orienta a Samuel y responde por su casa
  • Ofni y FinésHijos de Elí que cometen abusos sexuales contra las mujeres que sirven en el santuario y reciben una advertencia
  • Elcaná y PeninaEsposo y coesposa de Ana dentro del hogar marcado por amor y burlas

Temas para observar

Oración y dedicación

Ana lleva su dolor a Dios y cumple con fidelidad el voto que hizo.

Llamado y escucha

Samuel aprende a reconocer la voz de Dios y a comunicarla con valentía.

Responsabilidad del liderazgo

Un cargo sagrado no protege la corrupción ni evita que Dios pida cuentas.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué dolor necesitas presentar a Dios con la honestidad de Ana?
  2. ¿Cómo puedes cumplir una promesa sin convertirla en una regla para todas las personas?
  3. ¿Qué te ayuda a escuchar con atención antes de responder?
  4. ¿Cómo debería una comunidad pedir cuentas a quienes ejercen autoridad espiritual?

Ora y responde con fidelidad

El llamado de Samuel empieza en una noche de escucha y una palabra difícil. Cuando quieras seguir leyendo, puedes conocer Bible Note.

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